jueves, 31 de mayo de 2012

Un reloj que a todos nos marca las horas

Todos estamos hartos de oír hablar de ese famoso reloj biológico que nos atormenta a las mujeres, pues esta breve entrada está escrita con la firme intención de despejar algunas “dudillas” al respecto.

Para todos aquellos que no lo sepan, el invento del relojito del demonio seguro que lo hizo un señor que estaba MUY aburrido y tenía ganas de “tocar las pelotas” y os diré por qué.

El aparatito que aún no ha sido identificado físicamente por ningún científico ni arqueólogo de fama mundial, se nos ha adherido de forma extraña y sin explicación a las mujeres y tengo que aclarar que esto no es otra más de esas gracias de la “Madre naturaleza”, no no y no. El aparato (si es que existe) forma parte de la vida de ambos sexos ¡SÍ! ¿Increíble? No, queridos amigos, este reloj nos afecta a todos y no indica la estúpida necesidad de ser una incubadora y traer progenie al mundo sino más bien una estúpida arma de doble filo que nos insta a ir cambiando la etapa de la vida en la que estamos por otra con necesidades diferentes, pero claro está el cuerpo propone y las condiciones socioeconómicas del individuo o individua, se imponen.

A día de hoy he pasado de los 30 y me cuesta creer (Y lo he vivido) que con mi edad mis padres ya gozaban de cierto status socio-económico y de progenie (la 2ª en camino) y que yo esté aún a expensas de un futuro incierto.

Mi reloj biológico y el de muchos amigos y amigas,  pide que  tenga algo de independencia económica y un habitad propio y por mucho que me gusten los animales no los tengo como un sustitutivo a los hijos (cosa que bien saben los que bien me conocen) No quiero hijos, ¿OK?

Pero a día de hoy y como muchos de mi generación estamos obligados a ver como el mundo se derrumba a nuestro alrededor sin darnos una mínima oportunidad.

Chicos y chicas, lo habéis hecho bien, ¡lo hemos hecho bien! pero está claro que como a los que extraían el carbón en esa película “Germinal” nos ha tocado comernos la mierda que han estado cagando unos cuantos que no pensaban en que el mundo no se acababa con el “Efecto 2000” y que de tanto y tanto robar llega un momento en que la saca se queda vacía.

No desesperéis porque si la Esperanza es lo último que se pierde para bien y para mal (Guiño guiño a la Comunidad de Madrid) tarde o temprano a todo cerdo le llega su San Martín.