jueves, 13 de diciembre de 2007

Te vamos a echar mucho de menos

A veces me siento mal por autenticas estupideces, pero lo que he vivido estos días ha sido más complicado de asimilar que las cosas a las que suelo estar acostumbrada. Siempre he pensado que luchar es indispensable para sentir que la vida merece la pena, pero ayer me di cuenta que a veces es contraproducente aferrarse a algo a lo que nos guste o no, le ha llegado su hora. Hay situaciones y momentos en nuestras vidas que simplemente nos hacen fuertes, nos enseñan o por el contrario nos producen dolor.

Ayer sentí el dolor de ver como ****** moría. Después de sufrir durante 3 días, mientras aquí albergabamos la inútil esperanza de volver a verlo saltar y corretear por el sofá, el yacía en su jaula, sufriendo, sin apenas poder moverse, sintiendo como la vida se le escapaba entre las patitas.

 

Esta experiencia me ha provocado un sinfín de sentimientos contradictorios, odio, dolor, ira, pena, compasión, confusión, esperanza. Todos y cada uno de ellos por mi pequeño ******. No he sido la única que ha sentido su pérdida, pero como ya dije una vez, mi egoísmo se centra en lo que yo he sentido y en el resentimiento que siento hacia mí misma por no haberle ahorrado ese sufrimiento. ¿Merecía ese final? Siempre cargaré en mi conciencia con el dolor de haberle visto morir por mi obstinación a luchar por su vida.

 

¿Para que luchar? Si el final ya estaba escrito.

 

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Solo pediré una cosa, no quiero comentarios condescendientes y vacíos, ahora de verdad valoraré los no comentarios, por no poder reflejar lo que se siente

1 comentario:

  1. Hola, cielo:
     
    Sé que no hay nada que te haga sentir mejor, pero lo sentimos.
    No puedo y sé decirte nada, disculpa la falta de tacto.
     
    Un besote.

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