Nota aclaratoria: Antes de leer esta entrada quiero que lo hagais con pleno convencimiento de que es una entrada positiva (que sé que no lo parece) pero es así, por favor, no os quedéis con lo que pueda entender alguien que lea parcialmente lo que trato de explicar.
Sentir miedo, miedo a amar, miedo al rechazo, miedo al desengaño, miedo a la soledad o incluso miedo al compromiso. Todo esto es tan natural como las margaritas que crecen en el campo. Pero ¿Cuánto dolor puede albergar un corazón? Tantas veces me hago esta pregunta y tantas veces la misma respuesta. Un corazón puede albergar tanto dolor como amor.
Cuando mi Berto y yo analizamos nuestro rechazo inconsciente (a veces si a veces no) al compromiso (de cualquier tipo) a mi personalmente se me crea un nudo en la garganta. Es tan inconfesable sentir añoranza por algo que aunque suene trágico a veces siento que no voy a volver a sentir. Parezco una quinceañera resentida de amor, pero me cuesta volver a entablar relaciones de cualquier tipo, siento que me pesa el alma al pensar que nunca seré feliz, que nunca encontraré ese alguien que llene mi vida. Aunque no pierdo la esperanza de algún día hacer aquí una entrada hablando de que he encontrado a esa persona, ese alguien especial que me haga feliz, que no me haga sentir insignificante que me haga sentir valorada hasta el punto de que me sobre el mundo y que el pecho se me hinche de felicidad.
Lo mejor de una fantasía es pensar que se puede hacer realidad y cuando sabes que no va a ser así, es como... UN ASCO
No hay comentarios:
Publicar un comentario