lunes, 3 de noviembre de 2008

Wellcome a la vida loca

¿Qué es lo único que puede acabar con alguien? En mi caso la falta de tiempo tiene sendos puntos para ello. Las horas al día preestablecidas con odio por el sistema métrico internacional nos supeditan a llevar un control férreo de actividades sin mayor lógica que la de una vida organizada por las horas de un día que a veces dudo que existan realmente.

La última pataleta ha sido la de la WEBTC (también conocida entre los estudiantes universitarios como Plataforma Virtual) donde hacemos alarde de una formación continua de participación desde el cómodo hogar "a veces", en las más retorcidas asignaturas del brillante programa universitario.

A lo que iba, yo en mi continua contienda universitaria me veo obligada a hacer participaciones en foros que requieren de mi total atención para acumular "dios sabe si sí o si no" puntos que me hagan aumentar mi nota y acercarme ilusoriamente a los aprobados más deseados que una pobre alma como la mía pueda soñar. Así que esta mañana después de buscar como una campeona información de Nueva Zelanda (Os preguntaréis Por qué, pues para el foro de Relaciones Internacionales que se cierra sin compasión ninguna a las 10 hr. del próximo miércoles) he ido feliz cual ardilla con gran bellota entre las zarpas (léase entre líneas "mi participación en el foro") y no he podido entrar en el curso de Relaciones Internacionales. O lo que es lo mismo y siguiendo mi febril metáfora, me han cortado el árbol.

No obstante si a esto le añadimos la sutil vida de estudiante pringado en la que uno se tiene que cocinar, lavar la ropa, mantener un mínimo de higiene en el habitad (que a veces se logra a veces no) y atender a pintores a las 8 de la mañana que pintan de tal forma que la pintura se resquebraja minutos después de haberla aplicado sobre la pared ¿No sé de que me quejo?

2 comentarios:

  1. Me gustaría más tiempo para dormir

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  2. Yo ya ese concepto ni me lo planteo. ¿Tiempo para dormir? Me duermo por los rincones antes de irme a la cama, que horror supeditar la existencia de la vida a las agujas de un reloj.

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