Cuántas cosas me hacen divagar en estos momentos en los que por H o por B no tengo más que estudiar, y seguir preparándome para intentar alcanzar un futuro decente en el que pueda mirarme al espejo por la mañana y no temer si al final del día seguiré teniendo un hogar.
Anoche me acosté y como cada noche me pongo la televisión para que me haga compañía y casualidades de la vida que sin poder pegar ojo cambié de canal y tuve la mala suerte de ir a uno de esos programas de Zapping. Las mujeres de Acasa y Limasa gritaban y pedían su sueldo, lloraban por no tener que darles de comer a sus hijos, por poder perder sus casas en cualquier momento a manos de los bancos. La angustia me llena los ojos de lágrimas porque no entiendo como hay gente que sigue sonriendo con tan poca vergüenza y dándose esos golpes de pecho como si fueran los salvadores a base de pisar cadáveres.
No entiendo donde vamos a terminar todos, pero lo que sí sé es que no hace falta irse muy lejos para ver miseria.
Desde aquí quiero mandar un abrazo muy fuerte a todas aquellas personas que se están viendo sometidas a estas insostenibles situaciones de presión y desesperación porque alguien en el camino se comió lo que les correspondía.
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