Bueno bueno bueno, os voy a contar un cuento y lo voy a llamar cuento por no llamarlo PUTADAS DEL DESTINO (las rimas ya sabéis donde os las podéis meter)
Érase una vez una niña muy graciosa y simpática que tenía un hermano postizo que se llamaba Albert, la niña se llamaba Anye y quería mucho a su hermanito, hasta que una noche el hermanito la llevó de aventura, primero salieron de casa y les cayó el huracán KISKO y les dejó chorreando hasta las bragas (si, su hermano también llevaba bragas) y cuando después de hacer los múltiples recados como por ejemplo luchar contra la dragona de la información XTINA, salieron como almas llevadas por el diablo en busca del mago DANNY y su impresora mágica.
Allí, el mago les invitó a un suculento banquete y mientras la niñita simpática y risueña creía que todo iba bien, su hermano confabulaba las múltiples torturas por las que la estaba haciendo pasar ese día.
Pasó el tiempo y cuando ella ya creía que no había esperanza para salir liberada de la cueva del gran mago, su hermanito dijo -¡¡Vámonos!! y ella tó ilusa salió feliz de allí, pero aún le quedaba lo peor, coger el caballo alado de TUSSAM que los acercaría con amor y protección hasta cerca de su casita, pero él hermano todavía tenía una última sorpresa, ella le dijo - Hermanito, ¿Por qué no preguntas hasta donde nos lleva este protector y amoroso caballo de TUSSAM? - y él dijo con voz segura - NOOO, este ahora se desvía hacia el Ayuntamiento de los horrores, que era tan horroroso y aterrador que lo tuvieron que construir por fascículos porque sus arquitectos se morían de asco- Ella le miró impasible y respondió - Bueno, si tu lo dices, aunque a mi me dijo ADORNO, que llegaba más lejos y pasaba del castillo de la BARQUETA donde está la entrada al mundo mágico de la EXPO abandonada, pero no te voy a poner en duda querido hermanito- y así fue, los dos se bajaron del caballo y andaron y poco después vieron como el mismo caballo pasaba justo por su lado en dirección a su casa. Ella le odió en ese momento con tanta intensidad que durante diez largos minutos no le dirijió la palabra.
Poco después reían y ella ya con menos resentimiento aseguró que se vengaría, pero eso sí, con mucho amor y cuando llegaron a su casita, donde su fiel amigo KIKO estaba viendo la tele, se rieron y se fueron a cambiar los calcetines que llevaban todo el día mojados.
FIN
o eso es lo que se creía su hermanito Albert.
Aquí la princesita Anye debería dejar de esnifar al señor Pegamento....
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