Érase una vez, en la colina de una gran montaña había un pequeño, retorcido y viejo árbol que se sentía muy sólo cuando al anochecer la oscuridad invadía todo lo que le rodeaba. Una noche preguntó a la luna llena que lo visitaba una vez al mes y le dijo -¿Por qué me siento tan sólo querida amiga?-. y la Luna le miraba atentamente con una leve expresión de tristeza y nunca respondía. Cada noche el árbol se retorcía más y sus lágrimas caían de sus hojas por la mañana en forma de rocío.
Pasaron mucho años y el árbol que preguntaba a la luna en cada encuentro el por qué de su soledad seguía sin respuesta. Un día un pajarillo se sentó en una de sus ramas, era un día caluroso y el pajarillo estaba exhausto y en uno de los múltiples huecos del tronco del viejo árbol en el que se habían acumulado pequeñas cantidades de agua y se empezó a refrescar. Entonces el árbol sorprendido, no quiso molestarlo y cuando vio que hubo terminado se inclinó y le preguntó -¿De donde eres? Y el pajarito se quedó sorprendido y le dijo, suelo estar en tus raíces, aquí arriba no hay mucho depredadores y ahí abajo estamos muy fresquitos, pero cuando te hablamos no nos oyes, siempre estás mirando al cielo. Somos muchos y esperábamos que alguna vez miraras al suelo-.
El árbol sorprendido le dijo -¿Pero cómo? ¿Siempre habéis estado ahí? ¿Y por qué no me di cuenta? Ohhh he sido tan tonto-. El pajarito empezó a llamar a sus amiguitos y les contó que el pobre árbol no había sido nunca consciente de que no estaba sólo, que nunca lo había estado, pero que estaba tan triste que no se dio cuenta de que muchos esperaban para compartir con él los días en aquella bonita y alejada colina. Los pájaros se alegraron al ver que el viejo árbol ya los escuchaba y ellos cuando salían a volar volvían para contarle bellas historias de todos los lugares que visitaban y hacerle llegar los saludos de otros árboles del valle que desde lo más profundo le habían visto toda su vida pero que por ser árboles y no poder moverse nunca pudieron hablar hablar con él. Así el pequeño, viejo y retorcido árbol nunca jamás se volvió a sentir sólo y hizo muchos amiguitos, gracias a sus siempre compañeros los pajaritos que anidaban ahora en sus ramas por las noches para contarle cuentos antes de dormir.
Me ha gustado mucho. Espero que no sea solo un cuento
ResponderEliminarQué esperas que sea? Todos los cuentos siempre tratan de enseñar algo, se llama moraleja, pero de ahí a que sea algo más que un cuento ¬¬U
ResponderEliminarEl pajarito quería algo con el tronco, SEGURO
ResponderEliminarSi, y Espinete era gay
ResponderEliminarAlberto siempre tan delicado buscando el lado bonito de las cosas Ç_Ç
ResponderEliminarEah y de la pobre luna quien se acuerda? Ahora se ha quedaod ella allí sola sin la conversación del Arbol. Y no digais las estrellas que la más cercana esta a tomar por ... a mano izquierda :D.
ResponderEliminarP.D Ta chulo
Asias, me alegra que te halla gustado. Snif.
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